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La base lunar de la NASA dependerá de más de 20 aterrizajes robóticos

|Actualizado: |Autor: Viacheslav Vasipenok|5 lectura mínima| 1
La base lunar de la NASA dependerá de más de 20 aterrizajes robóticos

La NASA publicó el 4 de agosto de 2026 una actualización sobre los módulos lunares que Blue Origin, Firefly Aerospace, Intuitive Machines y Voyager Lunar Systems preparan para su iniciativa Moon Base. La actualización de la NASA confirma que la fase I se extenderá hasta 2029 e incluirá más de veinte aterrizajes robóticos para validar componentes e instalar infraestructura antes de la llegada de astronautas.

Es una cadena de misiones, no el descenso de una base completa: unas entregas deberán demostrar transporte, comunicaciones o movilidad para que otras puedan ampliar esas capacidades. El plan presentado en mayo situó esta primera fase en hasta 25 misiones y 21 aterrizajes, con aproximadamente cuatro toneladas de carga sobre la superficie lunar hasta 2029.

Cuatro módulos cubren dependencias diferentes

Griffin-1 despliega el rover FLIP con cargas de la NASA para habilitar movilidad y operaciones prolongadas en la superficie lunar.

Blue Moon MK1, de Blue Origin, será la pieza de transporte de gran escala. La unidad Endurance completó una campaña ambiental que incluyó una prueba de vacío térmico en el Johnson Space Center; su estructura, elementos de propulsión y aviónica ya estaban ensamblados. Después de comprobar sus comunicaciones, el programa prevé cargar propelentes criogénicos antes de integrarla para el lanzamiento.

Endurance deberá demostrar aterrizaje de precisión, caracterizar el entorno lunar y probar sistemas autónomos. Esas funciones son básicas para una arquitectura acumulativa: las cargas posteriores solo pueden aprovechar una instalación previa si el módulo alcanza el lugar previsto y puede operar sin intervención constante desde la Tierra.

Blue Ghost Mission 2, de Firefly Aerospace, combina un módulo de descenso con la nave orbital Elytra. La configuración está diseñada para la cara oculta de la Luna, donde Elytra desplegará cargas en órbita y servirá de enlace para los instrumentos de superficie. La misión también estudiará la geología local y una región con poco ruido radioeléctrico, pero su función estructural será probar logística y comunicaciones donde no existe visibilidad directa permanente con la Tierra.

Nova-C Trinity, de Intuitive Machines, viajará con Altus-1, el primer satélite de retransmisión lunar de la empresa. La misión IM-3 llevará cargas científicas a Reiner Gamma y desplegará el satélite en órbita. El módulo se encontraba en ensamblaje e integración, con el cableado interno en pruebas y pendientes la integración del motor y los ensayos de encendido.

Griffin-1, de Voyager Lunar Systems, conecta el transporte con la movilidad. Está previsto que lleve el rover FLIP de Astrolab, sobre el que irán instaladas cargas de la NASA para desarrollar operaciones móviles y de larga duración. El módulo había completado mediciones de masa y seguía en pruebas ambientales en el Jet Propulsion Laboratory antes del ensamblaje final y su traslado a Cabo Cañaveral.

Energía, comunicaciones y resistencia nocturna forman la infraestructura

El valor del programa no reside únicamente en entregar instrumentos separados. Blue Ghost y Nova-C incorporan arquitecturas de retransmisión; Griffin añade una plataforma para desplazar cargas; y Blue Moon debe probar que un módulo comercial de mayor escala puede aterrizar con precisión. La base dependerá de que esas capacidades funcionen como una red y no como demostraciones aisladas.

Northrop Grumman desarrolla además tres cargas de demostración basadas en hardware de energía y aviónica creado originalmente para HALO, el módulo de alojamiento y logística de Gateway. Las pruebas abordarán la distribución compartida de energía, la aviónica esencial y sistemas capaces de sobrevivir a periodos de sombra de varios días.

La resistencia durante la noche lunar constituye una dependencia concreta. Los equipos alimentados principalmente por energía solar deben soportar largos intervalos sin iluminación o recibir energía de otra infraestructura. Si se apagan definitivamente al entrar en sombra, no pueden servir de soporte estable para instrumentos, relés o vehículos enviados después.

La secuencia prevista es acumulativa: los instrumentos caracterizan el entorno, los relés amplían la cobertura, los vehículos trasladan cargas y las demostraciones energéticas mantienen activos otros equipos. Un fallo o retraso no afectaría solo a una misión; podría dejar a la siguiente sin la capacidad previa que debía utilizar.

El calendario hereda los retrasos de CLPS

Completar más de veinte aterrizajes antes de terminar 2029 exige una frecuencia muy superior a la conseguida hasta ahora por Commercial Lunar Payload Services (CLPS). Bajo este modelo, la NASA compra el servicio a proveedores que diseñan, poseen y operan sus módulos. La agencia define los objetivos de las cargas, pero tiene control limitado sobre los diseños, procesos e infraestructura interna de cada contratista.

La Oficina del Inspector General de la NASA recordó en mayo que su auditoría de 2024 había identificado un aumento conjunto de costes de 208,2 millones de dólares y un retraso medio de al menos 14 meses por encargo CLPS. El tiempo medio desde la adjudicación hasta el lanzamiento había pasado de los 30 meses calculados inicialmente a 44 meses.

Los contratos a precio fijo trasladan buena parte del riesgo de producción y costes a las empresas. Ese reparto limita ciertas obligaciones económicas de la NASA, pero somete a proveedores relativamente jóvenes a presión técnica y financiera. En una arquitectura encadenada, un retraso de más de un año también puede colocar una demostración de comunicaciones o energía después de la misión que debía aprovecharla.

Los vuelos siguen sujetos a pruebas y adjudicaciones

Los cuatro módulos descritos el 4 de agosto seguían en desarrollo, integración o ensayos; ninguno había completado la entrega lunar detallada en esa actualización. Griffin-1 conservaba un objetivo de lanzamiento para finales de 2026, mientras Endurance avanzaba hacia las pruebas con propelentes criogénicos. Las fechas efectivas dependerán de los resultados de las campañas ambientales, la integración con los lanzadores y las revisiones de preparación.

Tampoco se han detallado públicamente todas las misiones de la primera fase. La NASA ha identificado una red inicial de módulos, vehículos, instrumentos y demostraciones, pero deberá anunciar o adjudicar entregas adicionales para completar la veintena larga de aterrizajes.

La actualización aporta así un mapa de funciones y dependencias, no una garantía de ejecución. Blue Moon, Blue Ghost, Nova-C y Griffin cubren transporte pesado, comunicaciones, ciencia y movilidad; las demostraciones de Northrop Grumman añaden energía y supervivencia nocturna. El resultado dependerá de que vuelos comerciales separados lleguen a tiempo y conviertan esas capacidades en una infraestructura coordinada antes de las operaciones humanas.

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