Webb observa 72 sistemas: los planetas gigantes compiten contra discos que se vacían

Un estudio publicado el 25 de agosto de 2026 en The Astronomical Journal analizó observaciones del telescopio espacial James Webb de 72 sistemas estelares jóvenes para reconstruir cómo sus discos pierden el gas con el que se forman los planetas. La Universidad de Arizona presentó el trabajo, dirigido por Naman Bajaj, como una secuencia en la que los potentes flujos magnéticos de la etapa inicial ceden protagonismo a vientos atómicos más suaves después de unos millones de años.
El resultado publicado el 25 de agosto no establece cuánto tarda en formarse cada planeta ni demuestra que los 72 sistemas alberguen gigantes gaseosos. Sí muestra que el depósito disponible para construir sus atmósferas se vacía de manera continua: primero mediante jets y vientos ligados a discos con acreción activa y, más tarde, mediante flujos predominantemente atómicos. La competencia del título es temporal, entre el crecimiento del planeta y la dispersión de su disco.
Qué midió Webb en los 72 sistemas

El equipo examinó datos de archivo obtenidos con MIRI, el instrumento de infrarrojo medio de Webb, mediante espectroscopia de campo integral. La muestra comprende 72 discos inclinados más de 40 grados respecto de la línea de visión y pertenecientes en su mayoría a la clase II. Esa orientación facilita distinguir la emisión del disco de los flujos que se extienden por encima y por debajo de su plano.
El artículo científico de Bajaj y sus colaboradores registra emisión extendida de hidrógeno molecular o neón ionizado en 66 discos. El método identificó vientos cónicos de H2 en 46 sistemas y jets rápidos de [Ne II] en 40; todos los objetos con jets de neón mostraban además un viento trazado por H2 —en el 85% de esos casos— u oxígeno neutro.
Las líneas no son mediciones directas de toda la masa expulsada. El H2 permite seguir gas molecular cálido, mientras que [Ne II] revela gas atómico ionizado: puede aparecer en jets rápidos de sistemas activos o en vientos lentos de discos con menor acreción. La geometría, la velocidad y la frecuencia de esos trazadores son las pistas usadas para distinguir los distintos regímenes de pérdida de materia.
La secuencia reúne discos distintos, no una película del mismo sistema
Webb no siguió un único disco durante millones de años. Cada observación corresponde a un sistema diferente, situado en otra etapa de evolución; los investigadores compararon la presencia de jets y vientos con propiedades como la tasa de acreción, que indica la rapidez con la que la estrella continúa incorporando materia del disco.
Los jets de [Ne II] y los vientos extendidos de H2 aparecen con mayor frecuencia entre los sistemas de acreción moderada o alta. Al disminuir la acreción, las líneas que trazan el componente molecular más caliente desaparecen con mayor rapidez que las del H2 más frío, mientras los jets se debilitan y los vientos de baja velocidad observados en neón se vuelven relativamente más comunes.
La asociación no mostró dependencia de la inclinación del disco ni de la masa estelar dentro de la muestra. Aun así, se trata de una secuencia estadística: respalda una trayectoria general, pero no prueba que todos los discos recorran exactamente las mismas fases, en el mismo orden o durante intervalos idénticos.
Del dominio magnético a los vientos atómicos

La interpretación física propuesta comienza en discos que todavía alimentan intensamente a sus estrellas. Campos magnéticos a gran escala pueden extraer gas y momento angular, produciendo jets estrechos y vientos más amplios con componentes atómicos y moleculares. La coexistencia de jets y H2 extendido en los sistemas con mayor acreción es compatible con ese origen magnetohidrodinámico.
A medida que la acreción baja, los jets y el componente molecular caliente pierden intensidad. Flujos interiores menos densos dejarían pasar más radiación ultravioleta y rayos X de la estrella hacia la superficie del disco, donde esa energía calienta e ioniza el gas y favorece la fotoevaporación. El remanente observado queda entonces dominado por vientos atómicos más lentos.
Esta explicación separa lo medido de lo inferido. Las observaciones establecen el cambio de trazadores con la tasa de acreción; atribuir la fase temprana a vientos magnéticos y la tardía a una mayor influencia fotoevaporativa es el escenario físico que mejor organiza esos patrones. No implica un relevo instantáneo: ambos mecanismos pueden solaparse y el H2 frío puede persistir cuando el componente molecular caliente ya no se detecta.
Por qué los gigantes gaseosos compiten con el vaciado del disco
Un gigante gaseoso necesita capturar grandes cantidades de hidrógeno y helio después de formar un núcleo capaz de retenerlos. Ese crecimiento solo es posible mientras el disco conserve una reserva gaseosa accesible. Jets y vientos reducen la reserva al mismo tiempo que el planeta se forma, de modo que un núcleo que alcance tarde la fase de acumulación encontrará menos material disponible.
La cobertura de Space.com del 27 de agosto destaca precisamente esa consecuencia: los gigantes deben reunir sus atmósferas antes de que los flujos se lleven la materia prima. El estudio no calcula un plazo universal ni cuantifica cuánto se acorta la formación de un planeta concreto, por lo que la metáfora de la carrera expresa una restricción física, no un cronómetro ya resuelto.
La dispersión del gas también puede afectar cuánto crecen los planetas y durante cuánto tiempo migran dentro del disco. Sin tasas de pérdida de masa para cada sistema, sin embargo, las observaciones todavía no permiten reconstruir la arquitectura planetaria que resultará de cada uno de los 72 casos.
Qué falta por determinar

El siguiente problema es convertir la intensidad y la extensión de las líneas de H2, [Ne II] y oxígeno neutro en estimaciones comparables de la masa expulsada. El equipo también busca precisar a qué distancia de la estrella se lanzan los distintos flujos, una medida necesaria para saber qué regiones de formación planetaria pierden gas primero.
Por ahora, el resultado sólido es una transición estadística: los discos con mayor acreción muestran con más frecuencia jets y vientos atómicos y moleculares compatibles con un dominio magnético, mientras que los de menor acreción conservan sobre todo flujos atómicos. La cantidad exacta de gas que retira cada mecanismo y el tiempo que deja a cada gigante para construir su atmósfera siguen abiertos.
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