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Un agujero negro errante se delató al devorar una estrella

|Autor: Viacheslav Vasipenok|6 lectura mínima| 1
Un agujero negro errante se delató al devorar una estrella

Un agujero negro errante se detecta de forma indirecta: se busca la radiación de materia que cae bajo su gravedad y se comprueba que la fuente está desplazada respecto del núcleo de una galaxia. En TDE 2025abcr, una estrella destruida produjo la llamarada que delató la posición de un agujero negro hasta entonces inactivo.

No bastó una imagen aislada. La identificación combinó el rastreo periódico del cielo, un algoritmo que seleccionó la curva de luz, espectros de telescopios terrestres y observaciones ultravioletas y de rayos X; en conjunto, esas pruebas permitieron reconocer una disrupción de marea y estimar la masa del objeto.

Por qué resulta tan difícil encontrarlo

Un agujero negro inactivo no emite luz propia. Solo se vuelve detectable cuando gas, polvo o una estrella se acercan lo suficiente para calentarse y radiar antes de atravesar el horizonte de sucesos. Sin materia a su alrededor, no aparece como una silueta visible contra el espacio.

La ubicación añade otro sesgo. Las búsquedas de agujeros negros supermasivos y de disrupciones de marea se han concentrado tradicionalmente en los núcleos galácticos, donde suelen residir estos objetos. Una señal en la periferia puede quedar fuera de los filtros diseñados para seleccionar fenómenos cercanos al centro.

En este caso, «errante» no significa que los astrónomos hayan seguido al agujero negro mientras viajaba. Describe un objeto masivo observado muy lejos del núcleo de la galaxia anfitriona. Su posición está medida; su movimiento y el recorrido que pudo llevarlo hasta allí aún no lo están.

La estrella actuó como una baliza

La señal fue una disrupción de marea. Cuando una estrella pasa demasiado cerca de un agujero negro, la diferencia de atracción gravitatoria entre su lado próximo y su lado lejano puede desgarrarla. Parte de los restos se calienta al caer y genera una llamarada cuya evolución y cuyo espectro pueden distinguirse de otros fenómenos transitorios.

La reconstrucción de NASA sitúa TDE 2025abcr en una galaxia a unos 750 millones de años luz y la llamarada a más de 30.000 años luz de su centro. El agujero negro responsable tendría alrededor de un millón de masas solares; durante varios meses, los restos estelares llegaron a brillar en ultravioleta más que toda la galaxia anfitriona.

Ese resplandor explica el verbo «delatar» del título: los instrumentos no captaron directamente el agujero negro, sino la radiación de la estrella despedazada. Un encuentro breve convirtió así un objeto oscuro e inactivo en una fuente que podía localizarse sobre el plano del cielo.

Cómo se filtró la señal entre las alertas de ZTF

ZTF registra el aumento de brillo de TDE 2025abcr lejos del núcleo estable de su galaxia anfitriona.

La cadena comenzó en la Zwicky Transient Facility (ZTF), que fotografía repetidamente el cielo y registra variaciones de brillo. El volumen de alertas impide examinarlas una por una, por lo que se utilizó una versión preparada para fuentes extragalácticas y alejadas del núcleo del clasificador de aprendizaje automático tdescore.

La explicación de la Universidad de Maryland indica que ZTF cubre el cielo septentrional aproximadamente cada dos días y documenta cientos de miles de fenómenos cada noche. El programa de inteligencia artificial empezó a operar en agosto de 2025 y seleccionó esta llamarada tres meses después porque reconoció el patrón luminoso de una posible disrupción de marea pese a su posición atípica.

El algoritmo hizo una preselección, no una identificación definitiva. Los espectros obtenidos desde tierra mostraron hidrógeno y helio con rasgos compatibles con una estrella destruida. El observatorio Neil Gehrels Swift añadió mediciones ultravioletas y de rayos X, necesarias para caracterizar el material caliente y confrontar otras explicaciones de la llamarada.

El método consta, por tanto, de cuatro comprobaciones enlazadas: detectar un cambio de brillo, clasificar su curva de luz, determinar mediante espectroscopia qué fenómeno lo produjo y medir su separación respecto del núcleo galáctico. Ninguna de ellas, por separado, demuestra que exista un agujero negro desplazado.

Qué pruebas sostienen la condición de «errante»

La prueba geométrica es el desplazamiento de la fuente. El artículo científico sobre TDE 2025abcr mide una separación proyectada de 10,3 kilopársecs respecto del núcleo y la presenta como la primera disrupción de marea óptica descubierta en las afueras de una galaxia anfitriona. «Proyectada» es una precisión importante: esa cifra corresponde a la distancia aparente sobre el plano del cielo, no a la separación tridimensional completa.

El mismo análisis estima una masa de 10 elevado a 6,09 masas solares para el agujero negro que destruyó la estrella, con una incertidumbre de 0,53 órdenes de magnitud y a partir de relaciones basadas en la luminosidad máxima. El agujero negro central de la galaxia sería cientos de veces más masivo. La diferencia de posición y de masa descarta que la llamarada sea simplemente actividad del núcleo mal localizada.

La evidencia sólida es, por tanto, la coexistencia de una disrupción de marea fuera del centro y de un agujero negro central distinto. La llamarada no proporciona por sí sola la velocidad del objeto periférico ni demuestra cómo llegó allí; «errante» resume su condición extránuclear, no una órbita ya reconstruida.

Dos orígenes posibles, todavía sin resolver

Una posibilidad es que el agujero negro conserve el núcleo de una galaxia enana absorbida por otra mayor. Las fuerzas de marea habrían arrancado casi todas las estrellas de la galaxia pequeña, dejando un remanente demasiado tenue para detectarse con las observaciones iniciales. En este escenario, el objeto no habría sido expulsado, sino despojado de gran parte de su entorno.

La alternativa requiere al menos tres agujeros negros. Si una nueva fusión llevó un tercer objeto hasta un núcleo que ya contenía una pareja, la interacción gravitatoria pudo transferir energía al miembro menos masivo y lanzarlo hacia la periferia. Ambos mecanismos producen una fuente desplazada, por lo que una sola estrella destruida no permite elegir entre ellos.

El hallazgo sí valida una estrategia de búsqueda: dejar de restringir la selección de disrupciones de marea al centro de las galaxias. Su alcance tiene un límite claro, porque depende del encuentro infrecuente entre una estrella y un agujero negro inactivo y exige observaciones posteriores en varias longitudes de onda. No ofrece un censo completo, pero convierte una destrucción estelar fortuita en una baliza para localizar objetos que normalmente permanecerían invisibles.

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