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SkyFall llevará radares como capas: buscará hielo bajo Marte

|Autor: Equipo editorial de QUASA|5 lectura mínima| 14
SkyFall llevará radares como capas: buscará hielo bajo Marte

NASA publicó el 6 de agosto de 2026 los resultados de una campaña de pruebas de la antena flexible que usarán los radares de los tres helicópteros de SkyFall para buscar hielo poco profundo en Marte. Los ensayos, realizados en julio en el Jet Propulsion Laboratory (JPL), comprobaron su resistencia térmica y mecánica, además de su capacidad para transmitir y recibir señales; el informe técnico de NASA precisa que el prototipo soportó el equivalente a 200 aterrizajes marcianos sin perder rendimiento. La misión continúa prevista para finales de 2028.

La pieza que da a los vehículos su apariencia de llevar una capa es una antena Vivaldi de tejido metalizado, larga y flexible, que cuelga bajo cada aeronave. La cobertura publicada por Space.com el 7 de agosto confirmó tanto ese diseño como su objetivo: acercar el radar al suelo para observar la franja superficial que los instrumentos orbitales no resuelven con suficiente detalle. La antena aún no está calificada para volar y ahora debe superar nuevas pruebas con un modelo de ingeniería.

Por qué la antena tiene que doblarse como una capa

La «capa» no es el radar completo, sino el componente que emite y recibe sus ondas. SkyFall empleará una antena Vivaldi porque puede trabajar en un intervalo continuo de frecuencias y adoptar un perfil plano y ligero, dos condiciones necesarias para instalarla en un helicóptero pequeño sin renunciar a la penetración ni a la resolución.

El radar funcionará entre 500 y 2.500 megahercios, con longitudes de onda aproximadas de 60 a 12 centímetros. Las ondas más largas pueden alcanzar mayor profundidad; las más cortas permiten distinguir mejor las capas superiores y la textura de la superficie. Al combinar ambas partes del espectro, el instrumento intentará diferenciar estratos de polvo, roca y hielo.

La geometría obliga a que la antena sea flexible. Un diseño convencional para esas frecuencias tendría unos 48,3 centímetros de longitud, mientras que la separación mínima entre el fuselaje y el terreno es de unos 15,2 centímetros. Incluso después de reducirla, la Vivaldi mide alrededor de una vez y media la longitud de las patas del helicóptero.

Durante el aterrizaje, la antena debe apartarse al tocar el suelo y doblarse todavía más si encuentra una roca. En vuelo necesita recuperar su forma para mantener el patrón de emisión y recepción. El prototipo combina poliéster, capas de Vectran, resortes flexibles de cinta de fibra de vidrio y un soporte ligero de magnesio; todo el conjunto pesa aproximadamente 150 gramos.

El hueco que dejan los radares orbitales

Los radares en órbita pueden cartografiar grandes acumulaciones de hielo situadas a decenas de metros de profundidad, pero la distancia dificulta resolver los primeros metros de regolito. Esa es precisamente la zona donde podrían existir depósitos someros mezclados con polvo y fragmentos de roca, potencialmente más accesibles que las masas profundas.

SkyFall tratará de cerrar ese hueco volando bajo y despacio. Su radar está concebido para detectar hielo entre 0,5 y 3 metros de profundidad y examinar los 3 metros superiores de la corteza con detalle; en condiciones ideales podría penetrar más. La referencia técnica a sondeos inferiores a 5 metros describe el margen considerado al miniaturizar la antena, no una garantía de que alcance siempre esa profundidad.

La penetración efectiva dependerá de la composición y las propiedades eléctricas del terreno, así como de la geometría de sus capas. Por eso el radar no producirá una imagen directa semejante a una fotografía: registrará reflejos que permitirán reconstruir límites entre materiales y localizar la transición del suelo seco a zonas compatibles con hielo.

Tres helicópteros para extender el mapa

La ficha oficial de SkyFall define la misión como un proyecto futuro formado por tres helicópteros, cada uno con radar de penetración terrestre, cámaras de luz visible e infrarrojo cercano, sensores meteorológicos y un monitor de radiación. Las imágenes de la superficie ayudarán a interpretar los perfiles del subsuelo y a relacionarlos con la geología observable.

Durante un vuelo previsto de aproximadamente dos minutos y medio, cada aeronave podría cubrir entre uno y dos kilómetros. Los vehículos se dispersarán desde una zona común y enviarán sus resultados directamente a orbitadores de Marte, sin depender de un rover como estación de retransmisión. La arquitectura amplía el terreno estudiado y permite comparar corredores distintos dentro de una misma región.

Si encuentran hielo, las mediciones podrán estimar su extensión y profundidad y aportar indicios sobre la historia climática marciana. El radar también podría revelar cavidades, tubos de lava o capas débiles de regolito que condicionen la seguridad de futuros lugares de aterrizaje. La presencia de hielo interesaría además como posible fuente de agua, oxígeno y combustible, aunque SkyFall se limitará a cartografiarlo: no extraerá ni procesará esos recursos.

De las pruebas actuales al aterrizaje previsto en 2030

La campaña terminada en JPL fue un hito de desarrollo, no la aprobación definitiva del hardware. Los ingenieros sometieron la antena a cambios térmicos, flexiones repetidas y seis comprobaciones en una cámara electromagnética. El prototipo mantuvo su rendimiento, pero todavía quedan ensayos de vibración, despliegue en condiciones marcianas simuladas, señal y funcionamiento al aire libre en el Mars Yard de JPL.

El equipo construye ahora un modelo de ingeniería para esa nueva fase. Después deberán fabricarse y calificarse los componentes de vuelo e integrarse los instrumentos en los helicópteros. Esa secuencia separa claramente el resultado anunciado en agosto de 2026 de una antena lista para viajar a Marte.

El calendario oficial sitúa el lanzamiento a bordo de Space Reactor-1 Freedom a finales de 2028. Tras la fase de crucero, una primera aproximación a Marte en 2029 y una segunda aproximación, el aterrizaje está previsto para el otoño boreal de 2030. El lugar todavía no se ha seleccionado: deberá combinar terreno suficientemente llano y bajo con acceso a formaciones subterráneas de interés científico. Hasta completar la calificación y la integración, tanto esas fechas como el rendimiento final del radar siguen siendo objetivos de una misión futura.

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