
La IA moverá a 11 millones de trabajadores: cambiar de oficio será el reto

El informe del McKinsey Global Institute, publicado el 29 de septiembre de 2026, calcula que unos 11 millones de trabajadores de Estados Unidos podrían cambiar de ocupación hasta 2035, con escenarios que van de unos seis millones a más de 16 millones según el ritmo de automatización y su efecto en la demanda laboral. La cifra describe una transición posible desde ocupaciones en declive, no despidos ya ocurridos. El reto será encontrar empleos en crecimiento a los que se pueda acceder con una formación asumible y sin una pérdida de ingresos difícil de sostener.
En el análisis de Axios, la coautora Anna Kortis advierte que el cambio llegará «faster and at a bigger scale than in the past»; la publicación recoge una proyección de unas 770.000 transiciones anuales entre grandes grupos ocupacionales, entre tres y cuatro veces el ritmo histórico. Esa medida agrupa profesiones distintas y es más estrecha que el total de trabajadores que podrían cambiar de ocupación específica. Para quien permanezca en su oficio también habrá cambios: nuevas tareas podrían ocupar más del 15 % de la jornada de más del 70 % de los trabajadores estadounidenses.
Qué separa los tres escenarios
La proyección central depende de dos factores: la velocidad con que las organizaciones incorporen la automatización y la parte del trabajo automatizado que se traduzca en menor demanda de personal. Una adopción más lenta, o un uso de la tecnología que permita atender más demanda con la plantilla existente, reduciría la necesidad de cambiar de ocupación. Una adopción más rápida acompañada de mayor sustitución de trabajo elevaría las transiciones por encima de la estimación central. Son pruebas de sensibilidad del modelo, no límites exactos entre los que necesariamente quedará el resultado.
La diferencia entre automatizar horas y desplazar trabajadores es decisiva. Fast Company destaca que la automatización podría reducir la demanda de trabajo en el equivalente a unos 36 millones de empleos, mientras el crecimiento de las ocupaciones actuales compensaría ese efecto para unos 25 millones de trabajadores. Esa compensación puede tomar la forma de más actividad o de tareas nuevas dentro del mismo oficio; depende de cuándo aparezca la demanda adicional y de si los trabajadores pueden asumir esas funciones. La estimación restante se refiere a personas que quizá deban buscar una profesión diferente.
El modelo combina IA con otras tecnologías de automatización y con cambios económicos, entre ellos el envejecimiento de la población y la inversión en infraestructura. Por eso la cifra estadounidense tampoco puede trasladarse sin más a un país hispanohablante. La mezcla de ocupaciones, el ritmo de adopción tecnológica y las oportunidades de empleo varían entre mercados.
Cambiar las tareas no siempre exige cambiar de oficio
La exposición de un trabajo a la IA indica cuánto podrían modificarse sus actividades, pero no determina por sí sola si desaparecerá la ocupación. En la proyección para cajeros, el procesamiento de pagos pierde peso y ganan tiempo la atención al cliente y la supervisión de sistemas. Una persona podría seguir siendo cajera con una jornada muy distinta; otras podrían necesitar salir de la ocupación si la demanda total de cajeros cae.
El ejemplo muestra por qué conviene observar dos movimientos a la vez. Una empresa puede necesitar menos horas para una tarea rutinaria y, al mismo tiempo, recibir más clientes o asignar a sus empleados funciones que antes no realizaban. Si el crecimiento de la actividad compensa las horas liberadas, puede mantenerse la demanda de trabajadores dentro de la profesión. Si no alcanza, la transición hacia otra ocupación pasa a ser una posibilidad concreta. El momento en que ocurran ambos cambios también importa: las vacantes futuras no cubren automáticamente una pérdida de empleo inmediata.
Las ocupaciones con demanda decreciente se concentran especialmente en apoyo administrativo, comercio y ventas, y transporte y logística. Las oportunidades de crecimiento aparecen en otros grupos, como apoyo sanitario, construcción y gestión. Tener experiencia en atención al público o coordinación puede ayudar a dar el salto, pero el nuevo puesto puede requerir capacidades técnicas, una licencia o un horario y una ubicación que hagan difícil aprovechar esa experiencia.
Una matriz para valorar las rutas de transición
La existencia de vacantes es el comienzo de una ruta profesional, no su garantía. Para relacionar ocupaciones de origen y destino, el modelo considera cuatro condiciones que también sirven para examinar una posibilidad concreta:
- Demanda del destino: ¿hay puestos en crecimiento en el lugar donde la persona puede trabajar? Una ocupación puede expandirse en el conjunto de Estados Unidos y ofrecer pocas opciones en una ciudad determinada.
- Cercanía de competencias: ¿qué parte de las habilidades actuales sirve para desempeñar el nuevo trabajo? La atención a clientes o la planificación pueden transferirse, aunque no sustituyen la formación clínica o técnica que exija el destino.
- Salario: ¿el sueldo del nuevo puesto conserva los ingresos necesarios? También cuenta el dinero que se dejaría de percibir durante la formación, incluso cuando el salario final sea mayor.
- Credenciales: ¿se exige por ley una licencia o certificación y cuánto tarda en obtenerse? Conviene distinguir ese requisito de un título que las empresas prefieren, pero que pueden dejar de pedir.
La combinación importa más que cualquiera de las condiciones por separado. Una ruta con habilidades muy próximas puede quedar cerrada por una licencia larga; otra con un salario atractivo puede exigir un periodo de formación que la persona no puede financiar. El modelo clasifica así caminos relativamente directos, otros que requieren una preparación considerable y otros con barreras mayores. Es una forma de describir la dificultad de la transición, no una promesa de contratación individual.
Dos cambios de oficio muestran dónde está el obstáculo
Una de las rutas ilustrativas lleva del lavado de vajilla a la atención domiciliaria. La experiencia en higiene y trabajo físico aporta algunas habilidades útiles, pero asistir a una persona y evaluar sus necesidades exige preparación específica. El nuevo empleo puede conservar aproximadamente el nivel salarial y, aun así, requerir un cambio profundo de tareas y entorno. Se trata de una transición modelada, no de la historia documentada de un trabajador.
Otra ruta parte de un puesto de asistencia administrativa y llega a la gestión de proyectos. Planificar reuniones, coordinar actividades y comunicarse con distintas personas ofrece una base aprovechable. Dirigir proyectos y responder por sus resultados añade capacidades nuevas; determinados puestos pueden pedir además estudios superiores y una certificación profesional. El salario potencialmente más alto debe compararse con el tiempo y el coste de obtener esas credenciales.
La disponibilidad de empleo tampoco elimina las barreras de acceso. Una vacante de apoyo sanitario puede estar lejos de donde vive quien busca trabajo; una formación breve puede resultar inviable si obliga a pasar semanas sin ingresos. Esas condiciones decidirán si la demanda prevista se convierte en una oportunidad real para los trabajadores que deban dejar su ocupación.
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