Falsos periodistas colaron casi 100 artículos: ChatGPT aceleró la operación

|Autor: Equipo editorial de QUASA|6 lectura mínima| 1
Falsos periodistas colaron casi 100 artículos: ChatGPT aceleró la operación

OpenAI, en su informe del 8 de octubre de 2026, comunicó que bloqueó dos operaciones de influencia originadas en Irán y Rusia: la primera usó siete firmas periodísticas ficticias y consiguió publicar o sindicar casi 100 artículos en medios digitales. La segunda mantuvo un centro de análisis de fachada con personal real en América Latina. ChatGPT facilitó tareas de redacción y presentación, mientras personas y organizaciones ajenas al servicio llevaron los mensajes hasta sus públicos.

La cobertura de CNA distingue los artículos ofrecidos a medios auténticos de la entidad rusa que empleaba investigadores locales aparentemente ajenos a su dirección encubierta. También recoge las categorías de alcance asignadas por OpenAI: 4 para la publicación de artículos de la campaña iraní y 5 para la operación rusa. Esas categorías describen la difusión observada y sus posibles efectos públicos; no miden cuántas personas aceptaron los mensajes.

Cómo entraron las firmas falsas en medios reales

La campaña originada en Irán presentaba artículos sobre el conflicto entre Estados Unidos e Irán como colaboraciones de periodistas occidentales. Sus firmas eran Ervin B. Hoskins, Noah Lamington, Sophia Gonzalez, Michael Harrison, Ericka Feusier, Jenny Williams y Alice Johnson. Algunas identidades tenían biografías publicadas y perfiles en redes sociales. Esa presencia daba a una propuesta editorial la apariencia de proceder de alguien con una trayectoria verificable.

El trabajo con ChatGPT seguía una secuencia concreta. Los operadores entregaban borradores en inglés y pedían que se ajustaran a los criterios de colaboración de un medio determinado; después solicitaban un correo para ofrecer el artículo al editor. La herramienta aceleraba la adaptación y la preparación de cada envío. Los operadores elegían el destino, aprobaban los cambios y cursaban la propuesta, y cada publicación dependía del canal que recibía el texto.

En Florida, una columna atribuida a Hoskins llegó al Port St. Joe Star a través de PeaceVoice, que ya enviaba colaboraciones al semanario. David Adlerstein, responsable de la publicación, explicó a The Washington Post que el texto «this one struck me as thought-provoking» y que, por su relación previa con PeaceVoice, no verificó la identidad del autor. Middle East Monitor y Daily Kos retiraron después artículos atribuidos a las firmas de la campaña. En Daily Kos, los textos de Hoskins habían aparecido en un espacio comunitario sin revisión previa del equipo editorial.

El centro ruso reunió trabajo auténtico bajo una dirección oculta

Investigadores locales del Social Research Center entrevistan a un especialista en América Latina mientras la dirección rusa de la entidad permanece oculta.

La operación originada en Rusia utilizó una fachada distinta: el Social Research Center, o SRC, una entidad que publicaba análisis sobre América Latina. Los informes internos de los operadores mencionaban contrataciones, despidos, salarios y proyectos de investigación, indicios de que dirigían el centro. La identidad ficticia de Mia Clark intervenía en las redes de la entidad y en el contacto con el personal local.

La evidencia disponible apunta a que los empleados de la región realizaban su trabajo de buena fe y desconocían esa dirección. Entrevistaban a especialistas y redactaban estudios originales, incluidos análisis sobre la percepción del grupo BRICS y comparaciones de la economía brasileña. El resultado era una organización con colaboradores, contactos y publicaciones reales, capaz de sostener una presencia pública más convincente que un conjunto de perfiles inventados.

La campaña buscaba perjudicar la imagen de Ucrania en la región y también intervenir en debates políticos locales, especialmente en Argentina y Bolivia. El contenido del SRC convivía con otras acciones descritas en los informes de los operadores. Algunas falsedades atribuidas a la red dejaron rastros públicos y provocaron verificaciones o desmentidos; otras solo constan como afirmaciones internas. Los operadores llegaron a adjudicarse episodios en los que no habían participado, por lo que sus balances de resultados no equivalen a un registro comprobado de su influencia.

ChatGPT cumplió funciones diferentes en cada operación

En la campaña iraní, además de ajustar artículos y propuestas editoriales, ChatGPT ayudó a generar comentarios para redes sociales y a pulir informes internos. Algunos comentarios elogiaban textos de la propia operación y aparecían agrupados bajo publicaciones relacionadas con el conflicto. La actividad localizada obtuvo poca interacción y solía representar una parte minoritaria de las respuestas. La publicación en cabeceras ajenas dio a los artículos un alcance potencial mayor que el de esos comentarios.

En la operación rusa predominó la elaboración de informes para un superior no identificado. Los operadores también pidieron traducciones, guiones y correcciones de lenguaje para piezas destinadas a circular fuera del centro, pero esas solicitudes constituyeron una parte menor de la actividad observada. El empleo de ChatGPT, por tanto, no describe una cadena uniforme de textos escritos y difundidos automáticamente: en un caso agilizó propuestas periodísticas; en el otro, sobre todo, la documentación interna de una red que también utilizaba investigadores reales.

La distribución explica el alcance y sus límites

Una firma ficticia podía publicar en perfiles propios, pero una cabecera existente aportaba lectores y canales de distribución establecidos. Algunos medios compartieron en sus cuentas sociales los artículos que habían aceptado, prolongando la circulación de textos cuya autoría aparente era falsa. El artículo publicado demuestra que la propuesta superó una puerta de entrada editorial o comunitaria; las reacciones observadas no permiten calcular cuántos lectores fueron persuadidos.

El SRC ofrecía otra vía hacia una audiencia: sus investigaciones y sus entrevistas daban continuidad pública a una entidad controlada de forma encubierta. El patrón de la campaña iraní es compatible con un servicio comercial de influencia por encargo, aunque no se ha identificado a quien lo contrató. Para la operación rusa, la atribución de una falsedad concreta exige distinguir el contenido localizado públicamente de los éxitos que los propios operadores reclamaban.

Qué señales dejaron las identidades de fachada

La identidad de Ervin B. Hoskins se presentaba como estadounidense, mientras cuentas vinculadas a ella mostraban ubicación en Irán.

Los casos muestran señales específicas que adquieren sentido al observarlas juntas:

  • La biografía de Hoskins lo presentaba como escritor independiente estadounidense, mientras la información de transparencia de cuentas vinculadas a esa identidad indicaba una ubicación en Irán.
  • Varias firmas aparecían también en redes sociales, de modo que una búsqueda del nombre podía devolver perfiles aparentemente coherentes con la biografía publicada.
  • El SRC empleaba investigadores locales auténticos, mientras una persona ficticia intervenía en la gestión de sus redes y en la relación con el personal.
  • Los informes iraníes atribuían a sus comentarios visitas recibidas por las publicaciones originales, una forma de exagerar su efecto.

La retirada de artículos por medios afectados tuvo una consecuencia inmediata para esas firmas. Para los lectores que ya encontraron los textos en una cabecera conocida, el caso deja una distinción más duradera: la publicación acredita que el mensaje llegó a ese medio, pero no acredita por sí misma la identidad de quien lo firmó.

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